En Altavista, en San Cristóbal, en San Sebastián de Palmitas, en Santa Elena y en San Antonio de Prado, el territorio campesino respira preocupación. Entre huertas, trapiches, camiones cargados de plátano, gallinas alborotadas y cafetales que amanecen húmedos por la neblina, resuena una misma pregunta: ¿Dónde están los recursos que corresponden a la fiesta del campesino en cada corregimiento?
La inquietud llega desde todos los puntos de la ruralidad.
Desde Altavista, la edilesa Sara Loaiza comenzó a recibir mensajes de familias que no entienden por qué este año no hubo celebración, ni programación, ni un solo gesto institucional.
Desde Palmitas, el edil Manuel Salazar denunció públicamente su indignación por un evento centralizado en la Alpujarra, lejos del territorio, sin transporte garantizado y con restricciones absurdas de inscripción.
Y ahora, desde San Cristóbal, la edilesa Ruth Estela Ospina Cardona elevó una petición formal al alcalde, exigiendo respuestas claras sobre la vulneración del derecho campesino a su propia conmemoración.
Toda esta preocupación tiene un punto en común: la fiesta del campesino nunca llegó… y nadie explica dónde quedaron sus recursos.

Un derecho legal que Medellín está incumpliendo
La edilesa Ruth Ospina lo explica de manera contundente en su documento radicado el 27 de octubre de 2025:
- El Decreto 135 de 1965 y la Ley 2223 de 2022 obligan a los alcaldes a realizar la celebración del Día del Campesino el primer domingo de junio, con actos que exalten la labor rural.
- Estos actos deben ser territorializados, es decir, realizados en cada corregimiento, no centralizados en la ciudad.
- La intención de unificar el evento en la Alpujarra desconoce la autonomía rural, la identidad de cada corregimiento y la obligación legal de hacer la celebración en el territorio.
- Además, la nueva norma que reconoce al campesinado como Sujeto de Especial Protección Constitucional exige que el Estado garantice sus espacios culturales y de participación.
- Centralizar la actividad es una afrenta a ese nuevo estatus, afecta derechos adquiridos y vulnera la dignidad campesina.

La edilesa Ospina señala que esta decisión “desnaturaliza el reconocimiento territorial que merecen los campesinos, obligándolos a desplazarse en vez de llevar la celebración a sus comunidades”.
Su petición es clara:
- Asignación inmediata de los recursos presupuestales y logísticos para realizar las celebraciones en cada corregimiento.
- Articulación con JAL y organizaciones rurales para definir los actos en territorio.
- Un informe detallado sobre las razones jurídicas, presupuestales y logísticas por las cuales la Alcaldía optó por centralizar lo que siempre fue territorial.
El único anuncio oficial: un aplazamiento indefinido
A esta preocupación de los líderes rurales se suma lo que ya se sabía desde mayo: la Administración Distrital expidió una carta oficial el 31 de mayo de 2025, donde informó que la celebración del Día del Campesino quedaba aplazada hasta nuevo aviso por la declaratoria de calamidad pública debido a las lluvias. 202530241642 2

Pero la carta no explica nada sobre los recursos.
No dice qué pasó con el presupuesto.
No dice si se reasignó, si se congeló o si se ejecutó.
No dice cuándo se realizará la celebración pendiente.
No dice si volverá a los corregimientos.
El silencio pesa.
El campo siente que su derecho fue desplazado, recortado y empujado fuera del territorio.
Los territorios levantan la voz
En Palmitas, Manuel Salazar habla sin rodeos: la centralización en el CAM no solo sacó la celebración del territorio, sino que apagó la economía local que esta fiesta movía cada año: tiendas, buses veredales, mercados campesinos, vendedores ambulantes, transporte comunitario, mototaxis y motocarros.

En San Cristóbal, la edilesa Ruth Ospina advierte que esta decisión vulnera derechos adquiridos por costumbre y tradición, y exige que la Alcaldía responda por escrito en los términos de ley.
En Altavista, la edilesa Sara Loaiza insiste en que la comunidad merece explicaciones claras y una rendición de cuentas sobre el uso de los recursos.
En cada corregimiento, la preocupación crece porque la descentralización no es un antojo:
es la esencia misma de la ruralidad.
La pregunta que Medellín no ha respondido
La fiesta del campesino no es un capricho, ni un favor, ni un evento de relajo.
Es un derecho territorial, cultural, económico y legal.
Es una fecha que activa las veredas.
Es una tradición que une a la comunidad.
Es un reconocimiento a quienes sostienen la seguridad alimentaria de Medellín.
Por eso hoy, en todas las montañas del distrito rural, hay una pregunta que no se calla:
¿Dónde están los recursos del campesinado?
¿Dónde quedaron las fiestas que por derecho corresponden a cada corregimiento?

Hasta que haya respuestas, Medellín tiene una deuda abierta con su campo.
Y el campo ese que nunca deja de producir, incluso cuando lo olvidan seguirá exigiendo lo que le pertenece.
Nuestros campesinos merecen celebrar junto a su comunidad y sus familias pero en cada territorio rural.
Seguiremos Buscando información y ala espera de la respuesta de la administración.
