Irene Stella Ospina Castrillón: una vida tejida entre el liderazgo, la comunidad y la defensa del territorio.

Hay vidas que merecen ser contadas despacio, porque detrás de cada fecha existe una historia; detrás de cada reconocimiento, una lucha; y detrás de cada logro, muchas horas de trabajo que casi nunca aparecen en una fotografía.

La historia de Irene Stella Ospina Castrillón es una de ellas.

Es la historia de una mujer que aprendió desde niña el valor de la familia, que conoció el mundo del trabajo desde muy joven, que decidió volver a las aulas cuando la vida ya le había puesto nuevas responsabilidades y que, con los años, convirtió el liderazgo comunitario en una manera de servir.

Pero también es la historia de una mujer que entendió algo fundamental: si una comunidad quiere transformar su realidad, alguien tiene que dar el primer paso.

Ese paso Irene lo dio muchas veces.

Desde las gestiones por las vías y la educación, pasando por el trabajo con las mujeres, la defensa del medio ambiente, las acciones populares y la formación de nuevos líderes, hasta llegar a los procesos de recreación y participación comunitaria, su vida ha estado ligada a una palabra que hoy define buena parte de su trayectoria: servicio.

Desde Altavista Mi Casa queremos contar esta historia como un reconocimiento a su trabajo social y comunitario. No queremos quedarnos solamente con sus cargos ni con las tres condecoraciones que ha recibido. Queremos conocer a la mujer que está detrás de ellos, sus luchas, sus aprendizajes, sus triunfos y también aquellos proyectos que no salieron como esperaba, pero que igualmente dejaron una enseñanza.

Una niña consentida que creció rodeada de valores

Irene Stella Ospina Castrillón nació el 28 de octubre de 1966, siendo la quinta y última hija del matrimonio conformado por Leticia Castrillón de Ospina y Marco Tulio Ospina Acosta.

Creció junto a sus hermanos Marco Tulio, Gustavo de Jesús, Aura Rosa y Lucelly del Socorro, en un hogar donde se vivieron con firmeza, pero también con mucho corazón, valores como el respeto, la tolerancia, la solidaridad, la paciencia y el amor.

Ser la menor de la familia tuvo un significado especial. Fue la niña consentida, rodeada del cariño de sus padres y hermanos, en un hogar donde la unión familiar fue una de las primeras grandes escuelas de su vida.

Tal vez sin saberlo, allí comenzó a construir las bases de lo que sería su futuro: aprender a convivir, escuchar, respetar y entender que cuando las personas se unen pueden superar muchas dificultades.

Belén Las Mercedes, el territorio de sus primeros recuerdos

Sus primeros 25 años transcurrieron en Belén Las Mercedes, donde vivió su infancia y adolescencia. Estudió su primaria en la entonces escuela privada San Roberto Belarmino, institución que posteriormente se convertiría en colegio oficial.

Su juventud también estuvo marcada por el trabajo y la formación. En un momento de su vida viajó a la Costa Atlántica y posteriormente estudió en el SENA Máquinas de Confección Industrial.

A los 17 años comenzó a desempeñarse como operaria de máquinas de confección industrial en diferentes empresas. Era una joven trabajadora que comenzaba a construir su propio camino mientras permanecía junto a sus padres.

El amor, la familia y nuevos sueños

A los 25 años, durante un evento, conoció a Hernán Darío Cano Ortiz, el hombre que, según sus propias palabras, logró enamorarla.

En 1991 contrajeron matrimonio y comenzaron a construir su hogar. Llegaron entonces sus dos hijas, Jennifer y Yuleidy, a quienes Irene considera una bendición y uno de los mayores orgullos de su vida.

Ser esposa y madre significó asumir nuevas responsabilidades, pero nunca renunció a sus sueños. Por el contrario, su vida familiar terminó convirtiéndose también en una motivación para seguir avanzando.

2003: cuando la educación se convirtió en una causa comunitaria

Antes de que muchos reconocieran formalmente su liderazgo, Irene ya estaba haciendo gestión por su comunidad.

En 2003 participó activamente en un proceso de encuestas y gestión comunitaria para lograr que la escuela del territorio pudiera convertirse en colegio.

No se trataba simplemente de cambiar un nombre. Detrás de aquella iniciativa estaba una preocupación concreta: que los niños y jóvenes pudieran tener mejores oportunidades educativas sin que sus familias tuvieran que buscar alternativas fuera del territorio.

Irene entendió que la educación era una de las herramientas más importantes para transformar la vida de una comunidad. Por eso salió a preguntar, a recoger información, a escuchar a la gente y a respaldar la necesidad de convertir aquella institución educativa en un colegio.

Fue uno de esos primeros ejercicios donde comenzó a demostrar que el liderazgo comunitario también consiste en escuchar a la gente y convertir sus necesidades en argumentos para gestionar soluciones.

2005: las vías también necesitaban una voz

Dos años después, en 2005, Irene volvió a ponerse al frente de otra necesidad del territorio. Desde su rol como secretaria, realizó gestiones y ejerció presión para conseguir la pavimentación de las vías.

Aquella lucha implicó insistencia, organización y gestión. Porque para quienes viven en las comunidades, una vía en buenas condiciones no es solamente infraestructura.

Es poder movilizarse, acceder a los servicios, sacar productos, llevar a los niños al colegio, facilitar el transporte y mejorar la calidad de vida. Irene entendió desde muy temprano que las necesidades de la comunidad no podían quedarse en conversaciones.

Había que convertirlas en solicitudes, en gestiones y en resultados. Y así comenzó a consolidarse una característica que acompañaría toda su trayectoria: la insistencia.

2005: volver a estudiar para seguir avanzando

Ese mismo año ocurrió otro acontecimiento fundamental en su vida.

Con el apoyo y el impulso de Silvia Jaramillo, quien para entonces se desempeñaba como corregidora de Altavista, Irene retomó con determinación sus estudios y logró graduarse como bachiller en 2005.

Después de años de trabajo y responsabilidades familiares, obtener el título significó mucho más que cerrar una etapa académica. Fue demostrar que nunca es tarde para cumplir una meta.

Y aquel logro abrió las puertas de una nueva etapa: la de una mujer que comenzaría a prepararse cada vez más para poner sus conocimientos al servicio de la comunidad.

2006: la formación que fortaleció a la líder

En 2006, Irene fue seleccionada por Desarrollo Comunitario del Municipio de Medellín, durante la gestión del entonces subsecretario Miguel Ángel Restrepo, para participar con el Ministerio del Interior en el programa Formador de Formadores.

Allí recibió formación para asesorar, acompañar y capacitar a dignatarios de las organizaciones de acción comunal. Posteriormente fue postulada para trabajar como multiplicadora de acompañamiento en el proceso de coevaluación de las organizaciones de acción comunal del corregimiento de Altavista, en un trabajo desarrollado con el Colegio Mayor de Antioquia.

En este proceso contó con el acompañamiento de la profesional Miriam Loaiza, quien entregó buenas referencias sobre su desempeño antes, durante y después de la ejecución del proyecto.

Aquel proceso permitió sentar bases para conocer y medir la situación de las Organizaciones de Acción Comunal (OAC) del corregimiento de Altavista. Irene comenzaba a entender que liderar no era simplemente ocupar un cargo. Liderar significaba aprender, acompañar, escuchar y ayudar a que otros también pudieran avanzar.

Ese mismo año recibió uno de los primeros grandes reconocimientos públicos a su trayectoria:

2006 Medalla Ricardo Olano como Mejor Líder del Corregimiento de Altavista.

2008-2016: años de liderazgo al frente de ASOCOMUNAL

El liderazgo de Irene continuó creciendo.

Entre 2008 y 2016 ocupó durante dos periodos la presidencia de ASOCOMUNAL, una responsabilidad que le permitió ampliar su visión del territorio y trabajar de manera articulada con diferentes Juntas de Acción Comunal.

Pero su liderazgo no se limitó a ASOCOMUNAL.

Durante este mismo periodo también estuvo al frente de la Junta de Acción Comunal de Aguas Frías Parte Alta, donde ejerció como presidenta.

Fueron años de reuniones, gestiones, capacitaciones, recorridos, solicitudes, discusiones y decisiones.

Años en los que Irene aprendió que dirigir una organización comunitaria implica escuchar posiciones diferentes, buscar acuerdos y, muchas veces, defender una causa incluso cuando el camino parece difícil.

Fue precisamente en estos años cuando su liderazgo tomó una dimensión mucho más amplia.

De líder comunitaria a profesional en gestión de servicios recreativos

La historia de Irene continuaría sumando capítulos de formación.

En medio de su recorrido comunitario fue seleccionada para participar en una prueba piloto impulsada por el SENA de Bogotá, que posteriormente se implementó en el SENA de Medellín. El programa le permitió estudiar la Tecnología en Gestión de Servicios Recreativos, formación de la que se graduó en 2011.

Una líder que también quiso abrir oportunidades para las mujeres

Mientras desempeñaba responsabilidades en la organización comunal, Irene lideraba además un grupo de mujeres denominado Mujeres Unidas de Aguas Frías.

La idea era construir una alternativa económica que permitiera a las mujeres generar ingresos sin tener que abandonar su territorio. Con el apoyo del Colegio Conquistadores, cuya fundadora, doña Edelmira Perdomo de Vera, realizó gestiones con Luz Edilma Ramírez, directora de la Escuela Marina Orth, se logró contar con un horno de panadería para iniciar un proceso de formación.

También fue importante el acompañamiento de Lourdes Castillejo, quien trabajaba con mujeres rurales y ayudó a gestionar capacitación con Comfenalco. Las mujeres recibieron formación en Panadería, niveles 1 y 2, con la ilusión de poder producir panes y otros alimentos para posteriormente crear una microempresa.

El proyecto comenzó con entusiasmo.

Pero también aparecieron dificultades.

Muchas de las participantes eran amas de casa y tenían que pedir permiso a sus esposos para participar. Posteriormente surgieron diferencias relacionadas con las ganancias de los productos que se vendían.

Irene decidió no continuar bajo esas condiciones y el proyecto terminó debilitándose. El horno fue donado posteriormente a la Junta de Acción Comunal, pero la asamblea decidió venderlo y utilizar los recursos obtenidos en otras inversiones para beneficio de la comunidad.

El proyecto no alcanzó el resultado esperado.

Pero la experiencia dejó una enseñanza enorme: para que un emprendimiento comunitario funcione no basta con tener herramientas; también se necesita autonomía, organización, confianza y capacidad de tomar decisiones colectivas.

Mujeres de Altavista que encontraron un espacio para ser escuchadas

Durante el proceso con las mujeres de Aguas Frías apareció una nueva oportunidad. Irene trabajó como Cogestora de Igualdad con la Secretaría de las Mujeres, participando en la formación del Colectivo de Mujeres de Altavista.

La iniciativa vinculó mujeres de los diferentes microterritorios del corregimiento. Se promovieron capacitaciones en derechos sexuales y reproductivos y prevención y eliminación de las violencias contra niñas, jóvenes y mujeres adultas.

La participación comenzó con aproximadamente 12 mujeres por cada territorio y llegó a reunir entre 40 y 50 mujeres en algunos encuentros. Las jornadas se realizaban en el antiguo Preventorio. Además, se garantizaban los pasajes de transporte para facilitar el acceso de las participantes a los procesos de formación.

Aquellos encuentros se convirtieron en espacios para aprender, conversar y reconocer que las mujeres también tenían derecho a participar activamente en las decisiones de su territorio.

Cuando el liderazgo se convirtió en defensa jurídica

La trayectoria de Irene también tiene un capítulo marcado por las acciones populares.

En 2013, cuatro Juntas de Acción Comunal Belén Las Mercedes, Las Violetas, San Pablo y Aguas Frías Parte Alta participaron en una acción popular relacionada con asuntos ambientales del Municipio de Medellín.

Irene decidió llevar el proceso hasta el final.

Según relata, fue la única que culminó el proceso y conserva las evidencias de su desarrollo. El resultado fue favorable a los intereses colectivos y permitió avanzar en la intervención e inversión de la quebrada La Picacha, frente a problemáticas relacionadas con desvíos realizados en años anteriores.

Su trabajo fue reconocido posteriormente por el Concejo de Medellín, que en 2012 la condecoró por su participación y liderazgo en acciones populares a favor de las comunidades. Una medalla que simbolizaba algo mucho más grande: la convicción de que una comunidad también puede defender sus derechos cuando se organiza y persiste.

2014: otra batalla por la seguridad de los habitantes de Aguas Frías

En 2014, Irene volvió a asumir un proceso de defensa comunitaria.

Con el apoyo de la Personería de Medellín, la Junta de Acción Comunal de Aguas Frías Parte Alta presentó una acción popular por el riesgo peatonal que enfrentaban los habitantes de la vereda.

La situación afectaba especialmente el corredor comprendido desde Las Violetas, en la zona de la terminal de buses de Circular Coonatra, hasta la Institución Educativa Marina Orth.

La acción popular terminó con un fallo favorable para los habitantes de Aguas Frías.

Otra vez, una preocupación cotidiana se convirtió en una causa colectiva. Y otra vez Irene demostró que el liderazgo comunitario también consiste en buscar mecanismos legales para proteger a la gente.

Estudiar para defender mejor el territorio

Después de tantos años de trabajo comunitario, Irene continuó formándose.

Estudió en la Universidad de Antioquia Gestión y Legislación Ambiental, fortaleciendo sus conocimientos para poder acompañar procesos relacionados con el medio ambiente y apoyar a los campesinos del corregimiento de Altavista.

En 2016, después de retirarse de la Junta de Acción Comunal y de ASO Altavista, inició una nueva etapa académica y estudió la Tecnología en Gestión Comunitaria.

Una vez más, convirtió la experiencia en conocimiento y el conocimiento en una herramienta para servir.

El liderazgo también se llevó a otros territorios

Su experiencia la llevó a desempeñarse como apoyo de la JAL de la Comuna 16 Belén.

Al conservar una propiedad en Belén Las Mercedes y continuar cumpliendo allí con sus responsabilidades tributarias, tuvo la posibilidad de acceder a procesos de formación mediante Presupuesto Participativo, a través de un convenio directo.

También apoyó diferentes Juntas de Acción Comunal donde podía aportar desde sus conocimientos y experiencia. Irene ya no era solamente una líder de un sector. Su trayectoria le permitía aportar en diferentes espacios de la ciudad.

2021: el INDER y una nueva forma de servir

En 2021, con el apoyo de integrantes de la JAL, entre ellos Jonni Acevedo, tuvo la oportunidad de trabajar con el INDER en el programa de Cuadras Recreativas, labor que desarrolló hasta 2022.

La recreación se convirtió entonces en otra herramienta para trabajar con las comunidades. En 2024, específicamente el 19 de julio, gracias al apoyo de Elizabeth Zapata, ingresó a procesos de Fomento del INDER como formadora en recreación.

Durante este periodo tuvo la oportunidad de trabajar en diferentes comunas y corregimientos de Medellín. Su experiencia comunitaria, sus conocimientos y su capacidad para relacionarse con la gente volvieron a convertirse en herramientas de trabajo.

Esta etapa laboral se extendió hasta el 30 de junio de 2026, cuando terminó la posibilidad de continuar vinculada laboralmente. Pero nuevamente, para Irene, terminar un contrato no significó terminar su misión.

Volver al territorio

Hoy Irene Stella Ospina Castrillón vuelve a asumir nuevamente el liderazgo desde la Junta de Acción Comunal. Regresa con más años, pero también con más experiencia.

Regresa con las historias de las mujeres que acompañó, las comunidades que defendió, las instituciones que gestionó, los procesos que lideró y los aprendizajes que solamente se obtienen después de muchos años de caminar el territorio.

Su vida no ha sido una línea recta.

Ha tenido proyectos que prosperaron y otros que no llegaron a consolidarse. Ha tenido puertas que se abrieron y otras que seguramente tuvo que tocar muchas veces. Pero hay algo que se ha mantenido constante: su voluntad de servir.

Tres reconocimientos que resumen una trayectoria

La labor de Irene ha recibido importantes reconocimientos:

2006 — Medalla Ricardo Olano: Mejor Líder del Corregimiento de Altavista.

2012 — Concejo de Medellín: reconocimiento por su liderazgo y participación en acciones populares a favor de las comunidades.

2026 — Personería de Medellín: reconocimiento al trabajo comunitario.

Tres momentos distintos de su vida.

Tres reconocimientos.

Una misma mujer.

La verdadera condecoración está en la memoria de la comunidad

Una medalla puede guardarse en una vitrina.

Un diploma puede enmarcarse.

Pero la verdadera medida de un líder está en la memoria de las personas.

Está en aquella mujer que encontró una oportunidad para capacitarse.

En el vecino que pudo caminar por una vía que fue gestionada.

En el niño que encontró mejores oportunidades educativas.

En la comunidad que logró defender un espacio ambiental.

En los habitantes que encontraron una respuesta frente a un riesgo.

En las mujeres que descubrieron que podían reunirse, aprender y hablar de sus derechos.

En los jóvenes y familias que encontraron en la recreación un espacio de encuentro.

Ahí está el verdadero legado.

Una vida que todavía tiene páginas por escribir

A sus 59 años, Irene Stella Ospina Castrillón no habla de su historia como una historia terminada. Habla de una vida que todavía tiene misiones por cumplir.

Y lo hace con la misma convicción que la ha acompañado durante años: mientras tenga salud, fuerza y la bendición de Dios, continuará trabajando por su comunidad.

Su historia nos recuerda que el liderazgo social no siempre nace en grandes escenarios. Muchas veces nace en una Junta de Acción Comunal, en una encuesta, en una vía sin pavimentar, en una escuela que necesita convertirse en colegio, en un grupo de mujeres que quiere aprender un oficio, en una quebrada que necesita ser protegida, en una comunidad que enfrenta un riesgo, en una persona que decide estudiar para poder ayudar mejor Y, sobre todo, nace cuando alguien entiende que la comunidad no necesita espectadores: necesita personas dispuestas a actuar.

Un reconocimiento desde Altavista Mi Casa

Desde Altavista Mi Casa queremos hacer este reconocimiento porque creemos que la memoria de nuestros líderes también hace parte de la memoria del territorio.

Reconocer a Irene Stella Ospina Castrillón es reconocer a una mujer que durante años ha puesto su conocimiento, su tiempo y su voz al servicio de la comunidad.

Es reconocer sus aciertos, sus luchas, sus aprendizajes y también aquellas experiencias que no salieron como se esperaba, porque todas ellas hacen parte de una vida real y de un liderazgo construido desde el territorio.

No queremos presentar una historia perfecta.

Queremos presentar una historia verdadera, humana y llena de perseverancia.

La historia de una mujer que comenzó siendo la menor y consentida de una familia, que trabajó desde joven, que fue esposa y madre, que volvió a estudiar, que se convirtió en líder, que aprendió a defender los derechos colectivos, que trabajó por las mujeres, que gestionó por la educación y las vías, que lideró organizaciones comunales, que se formó una y otra vez y que hoy, después de tantos años, sigue creyendo que servir a la comunidad vale la pena.

Irene Stella Ospina Castrillón no es solamente parte de la historia de Altavista. Es parte de esas historias que ayudan a explicar cómo se ha construido nuestro territorio.

Y desde este medio comunitario queremos decirle:

Gracias, Irene, por tantos años de liderazgo, gestión, aprendizaje y servicio.

Porque reconocer a quienes han trabajado por nuestra comunidad también es una manera de decirles que sus esfuerzos no han sido en vano.

Su historia queda escrita.

Su trabajo queda en la memoria.

Y su ejemplo continúa caminando por el territorio.

Altavista Mi Casa, tu casa, nuestra casa.

Un comentario en “Irene Stella Ospina Castrillón: una vida tejida entre el liderazgo, la comunidad y la defensa del territorio.

  1. Porque razón entonces no la tienen cómo una buena y no dejarla sin trabajo no entiendo se reconoce y no trabajo cuáles son los méritos

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