A las 8 y 30 de la mañana llego al sector conocido como la Y, un lugar que divide la vía en dirección a Tanques o al Morro en la Vereda El Corazón del Corregimiento de Altavista. Es un lugar muy concurrido porque ahí se forma cierta centralidad y porque a esas horas de la mañana siempre hay una alta congestión vehicular y un mosaico de música parrandera, decembrina y de despecho que son reproducidas por los negocios del lugar y por una que otra casa de familia.
Tímidamente me mueve la mano en señal de que es ella la lideresa a la que busco y su rostro se me hace muy familiar, porque en diferentes ocasiones hemos coincidido en reuniones en Altavista y en la Comuna 13, su proceso de liderazgo no conoce fronteras y cuando hay que ayudar toca todas las puertas sin importar los límites entre la ciudad urbana y la rural que nace en ese pedazo de territorio llamado Vereda El Corazón.
Marta Lucía Palacio Álvarez, es una lideresa del corregimiento que llegó a este lugar de la ciudad flechada por cupido hace ya casi tres décadas, desde ese día que conoció esta vereda, descubrió que era el mejor lugar de la ciudad para vivir y desde ese día nunca más se marchó.
Mientras me invita a sentarme en una mesa de una tienda muy concurrida del sector, me pide que le regale unos segundos, mientras ella habla por su celular y a la persona que está al otro lado de la línea, le hace toda una argumentación sobre una campaña navideña que viene adelantando con los niños y niñas del sector, está a la búsqueda de padrinos que hagan felices a 100 niños de este lugar de la ciudad.
“Yo llegué a la Vereda hace 27 años, mi compañero tenía casa en este lugar del corregimiento y este territorio me encantó, por la tranquilidad, por lo rural y por la calidad de su gente, y hoy después de tantos años sigo pensando que estoy habitando el mejor vividero de la Medellín”, afirma Marta Lucía Palacio Álvarez.
A pesar de que su familia siempre se caracterizó por el trabajo comunitario, Marta Lucía Palacio, descubrió su vocación de trabajar por la comunidad unos años después de llegar a la vereda, pero una vez emprendió su labor comunitaria, no ha parado un solo día y ha sido un oficio sin horario y con el mismo sueño de buscar que a su comunidad no les falte nada y que el desarrollo llegue a las empinadas calles de este lugar de la ciudad.

“Un amigo quería montar la Junta de Acción Comunal y me invitó y creo que servir ha sido el logro más grande que he tenido en mi vida, el poder ayudar, el trabajar todo el día y poder ver que se consiguen las cosas en beneficio de la comunidad, eso le llena a uno la vida de felicidad”, expresa la lideresa.
Le tocó vivir toda la violencia que se generó a principios de este siglo, sabe de las heridas que dejaron en el territorio, de la pérdida de vidas humanas de amigos y vecinos y de familias enteras que salieron de madrugada huyéndole a la guerra y nunca más volvieron, por eso ha tratado de trabajar con la población infantil y juvenil, para poder empezar a contar otras historias y otras narrativas llenas de sueños y esperanzas.
“Fue muy duro lo vivido por la comunidad en esos años de la guerra, mucho miedo, muchas tristezas, mucha desolación, muchas secuelas nos quedaron en el alma, pero hemos tratado de ser resilientes, y nos hemos juntado con la esperanza de que no se repita esa historia. Creo que tanto dolor y sentirnos tan solos, nos hizo más fuertes para no desfallecer en el trabajo con las comunidades”, resalta la lideresa del corregimiento.
Hoy camina el territorio, habla con las comunidades, aconseja a los jóvenes y hace trabajo con niños y niñas para la construcción de paz. Cree que hoy los jóvenes tienen muchas más oportunidades, por eso creo un grupo de estudiantes universitarios para que esta población de la vereda pueda acceder a las becas de educación superior.
Hoy mira con optimismo y esperanza el futuro de su vereda, cree que tantos años de caminar sus calles y de protagonizar tantas luchas sociales han dado su fruto, afirma que hoy las mujeres se han vuelto más lideres en los territorios, que es una voz que se escucha en los diferentes escenarios de participación de la comuna y la ciudad, que la mujer se ha ganado cada espacio por su dedicación y amor por el corregimiento y cree que ese relevo generacional de liderazgos femeninos van a llenar de alegría y conquistas a todos los habitantes del corregimiento.
“Cuando yo empecé la vida comunitaria la presencia de la mujer era mínima en las juntas de acción comunal, pero creo que muchas mujeres abrimos el camino para que otras se empoderarán y reclamarán su participación de protagonista en los procesos sociales, comunitarios y culturales del territorio”, concluye Palacio Álvarez.

Recuerda que Altavista mi Casa, Tu Casa, Nuestra Casa
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excelente persona,amiga,madre una mujer ejemplar