Mujeres, que popularmente antes de los 50 se dedicaban al oficio de lavar ropa a las orillas de ríos y quebradas, para aportar de forma económica en sus hogares
Esta figura existe históricamente desde hace miles de años, pero se populariza en la ciudad de Medellín a partir de la década de los 60, dónde empieza a ser utilizada como actividad económica entre las mujeres de clase baja, pues les permite generar ingresos para mitigar la pobreza.

Una de esas mujeres luchadoras se llama Gilma Rúa, vive en una vereda del corregimiento Altavista y actualmente tiene 76 años de edad, es lavandera desde que tenia 10 años, ella, nos cuenta que su bis abuela la llevaba a la quebrada a enseñarle el lavado de ropa pues era una época de mucha necesidad y pobreza, donde en la quebrada se juntaban la gran mayoría de mujeres de su comunidad, desde las matronas hasta ella que siendo una niña se veía en la obligación de aportar al sustento de su hogar, en medio de sus charlas y desahogos, una de ellas da la idea de ir a ofrecer sus servicios de lavado de ropa a las señoras adineradas del barrio laureles, viéndolo como una posibilidad para aumentar sus ingresos, deciden irse con costales de lona al hombro y tocar en diversas residencias.

“ señora como esta usted , nosotras lavamos ropa en la quebrada Ana Díaz, si usted desea y no desconfía puede contratar nuestros servicios” – “ Claro, pero mucho cuidado con las camisas del doctor, es la recomendación más importante” y así, en muchas de esas casas sacaban bolsadas de ropa, generando un nicho de empleo para estas mujeres, eso sí, siempre les daban la misma recomendación, cuidado con las camisas del doctor, esto, dado a que el cuello y los puños de estas prendas estaban elaboradas en almidón crudo porque en esa época se usaban las mancuernas en los puños. Entonces desde esa ocasión quedaron satisfechas las señoras y las siguieron contratando pagando hasta 40 pesos por bulto de ropa lavada.
Teniendo presente ese momento histórico de su vida, en compañía de otras 6 mujeres y en una conversación con un líder cultural de Altavista, doña Gilma, decide volver la figura de las lavanderas en un mecanismo artístico, que desde las artes escénicas puedan contar y exponer este oficio laboral histórico para el corregimiento, siendo motivadas por la intención de resguardar este patrimonio cultural inmaterial, pues es un oficio perdido en el tiempo, qué desean dar a conocer a sus nietos y bisnietos, de una forma comparativa entre generaciones, pues son conscientes de que en la actualidad una mujer no volverá a lavar a la quebrada para sobrevivir, pero es necesario que las nuevas generaciones conozcan la historia y que mejor forma de representarla que de una manera artística.

Tener el proceso de las lavanderas, dice doña Gilma «que les ha dejado muchas enseñanzas, pues les permite resignificar una labor tan importante como esta, conversar y planear su presentación en una cocina», alrededor de un fogón de leña, creando desde la juntanza con sus compañeras de proceso la forma en la que expondrán al publico parte de su historia y sus vivencias, -nuestro mayor reto es hacer que la figura de las lavanderas prevalezca al menos en la mente y los recuerdos de las personas, articulándonos con la comunidad por medio de tertulias, donde desde la palabra también narramos acontecimientos de hace 40 o 50 años, trayendo a colación la forma como se vestían, lo que estaba socialmente permitido y lo que no, incentivando el interés por conocer la historia y con ello aportar a la preservación de la misma- Dice doña Gilma.
Las lavanderas, Organización social del corregimiento Altavista, que rinde homenaje a esta labor histórica desde la palabra y sus puestas en escena, conformado por 7 mujeres de la vereda travesías morro corazón, aportando al resguardo del patrimonio cultural inmaterial del corregimiento Altavista.
